PRIMERO DE MAYO: PROMOVER EL TRABAJO IDEOLÓGICO Y DESARROLLAR LA CONCIENCIA DE CLASE Y ORGANIZACIÓN

El primero de mayo se celebra en todo el mundo la lucha del proletariado y de las masas populares por la emancipación de la explotación capitalista e imperialista y por la liberación del dominio político y militar de la burguesía y de todas las clases reaccionarias.

El primero de mayo se celebran las revoluciones proletarias, desde la Comuna de París a la Revolución de Octubre, desde la Revolución China (1921 – 1948) a la Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976), promovidas por el Movimiento Comunista Internacional y las que, a partir  de estas gigantescas experiencias históricas que transformaron el mundo, siguieron después de los años Setenta y la restauración del capitalismo en China. Las guerras populares por la Nueva Democracia en Perú, India, Filipinas y Turquía, junto a las luchas de liberació nacional de los pueblos oprimidos, hoy en particular la heroica lucha del pueblo palestino, contrapusieron y contraponen la tendencia de la revolución proletaria mundial a la ofensiva reaccionaria del sistema imperialista (desde los EE.UU a Rusia, a China, a esa de los otros países imperialistas occidentales).

Hoy la crisis de un sistema imperialista moribundo se traduce en la crisis, objetivamente y en algunos aspectos también subjetivamente, revolucionaria en curso en los países oprimidos, que constituyen la gran mayoría del mundo. Al mismo tiempo el imperialismo moribundo está generando una nueva guerra mundial, que se vislumbra como una larga y sanguinaria guerra de posición, durante la cual las potencias imperialistas, en el curso del choque recíproco, acentúan la ofensiva reaccionaria contra los pueblos oprimidos por el capitalismo burocrático, como bien se evidencia por la situación del pueblo ucraniano sometido a una doble opresión y por la del pueblo palestino, objeto de una política y de una práctica genocida.

En los mismos países imperialistas la crisis del capitalismo, la crisis hegemónica del Estado burgués y de los diversos partidos de poder, el fascismo ascendente, la represión policial están generando una nueva oleada de protestas, de manifestaciones, de movilizaciones de masa. En primera fila están los jóvenes, los estudiantes, los pequeños intelectuales, pero todo esto no es más que una anticipación del descenso al terreno de la clase obrera y de las masas populares. Por mucho que avance la ofensiva reaccionaria de la burguesía y del fascismo, todo esto no hace más que crear condiciones subjetivas cada vez más favorables para la construcción de partidos revolucionarios maoístas.

En Italia se desarrolla la contradicción contra la burguesía, contra el fascismo, contra el imperialismo del Norte. En este marco la Cuestión Meridional asume una nueva relevancia y centralidad. La raíz de esta Cuestión es económica y social y por tanto solo la revolución proletaria puede resolverla bajo todos sus aspectos.

Las raíces económicas y sociales están representadas por el rol del gran capital monopolista del Norte estrechamente conectado a las grandes rentas viejas y nuevas dominantes en el Sur y en las Islas. Un eje indisoluble entorno al cual rueda el bloque económico y político reaccionario dominante, a cuyo servicio se ponen las varias fuerzas políticas de poder, los diversos gobiernos, los sindicatos colaboracionistas reaccionarios y varias fuerzas oportunistas, electorales, legalistas y llamadas pacifistas, como esas de la “izquierda radical” unidas en gran parte a las asociaciones sin ánimo de lucro, a las ONLUS y a las cooperativas.

Sobre la base estructural del dominio del gran capital imperialista del Norte y de las grandes rentas del Sur, todas estas fuerzas jjunto a varias otras fuerzas de extrema izquierda (desde los trotskistas, a los sindicalistas-bordiguistas, a los obreristas y neo-obreristas, a los falsos marxistas-leninistas y a los pseudo-maoístas), trabajan para alimentar en la clase obrera y en el proletariado del Norte un espíritu supremacista, en modo de reproducir la oposición entre proletariado del Norte y masas del Sur. Por otro lado, el meridionalismo reaccionario busca análogamente oponer un bloque interclasista nacional-cultural, una presunta identidad nacional meridional, siciliana y sarda, más o menos coloreada en sentido “independentista”, a la construcción y al desarrollo de la hegemonía revolucionaria del proletariado.

En este marco la revolución proletaria en Italia no puede ser inmediatamente socialista, como sostienen en cambio varias fuerzas oportunistas, sino que debe desarrollarse como revolución democrática popular antifascista dirigida por el proletariado. Una revolución que ponga en primer lugar la destrucción del imperialismo del Norte y la posibilidad del renacimiento económico, social democrático del Sur y de las Islas, en el marco de la hegemonía proletaria y de la revolución ininterrumpida por un ataque a fondo al capitalismo hasta el socialismo.

Solo la revolución democrático-popular antifascista puede crear las necesarias condiciones económicas y políticas estatales para un planteamiento y una solución democrática, progresiva, internacionalista también de los aspectos relativos a la cuestión de la opresión política, cultural y militar del Sur y de las Islas, que son precisamente superestructurales respecto a esos relativos a la opresión económica, pero que al mismo tiempo son también ellos decisivos. Por tanto solo una revolución proletaria de este tipo, unida por tanto indirectamente a la perspectiva del socialismo, puede garantizar el derecho a la autodeterminación sobre una base democrática e internacionalista para enteras áreas regionales del Sur y de las Islas (piénsese en la Cuestión sarda) o, de igual modo, el derecho a una organización estatal de tipo federal, que favorezca el renacimiento económico, social y cultural del Sur y de las Islas. La Cuestión Meridional es por tanto decisiva, por un lado, para indicar como la revolución proletaria deba para toda una fase ser democrática-popular o sea recoger, sobre todo en el Sur y respecto a las Islas, amplios estratos de pequeña burguesía intermedia y, por el otro, para afirmar, sobre la base de la hegemonía del proletariado, el derecho a la autodeterminación y a una forma de confederación entre grandes áreas regionales de Italia, que vaya en la dirección opuesta a la actualmente impuesta por la burguesía del Norte y por las grandes rentas del Sur.

Romper la ideologia supremacista y racista que la burguesía y sus siervos replantean para el proletariado y las masas populares del Norte y establecer sobre bases de clase y revolucionarias la Cuestión Meridional es hoy la tarea principal para quien quiera preparar la revolución proletaria de nuestro país. Entorno a esta tarea de debe desarrollar la especificación de la teoría del marxismo-leninismo-maoísmo y conducir la batalla para el desarrollo de la conciencia de clase, por la difusión de una ideología reaccionaria conforme a las específicas contradicciones y cuestiones italianas, en grado de sustanciar y fundar, bajo el perfil del contenido, el programa y la estrategia de la revolución de nuestro país, cuya forma, en el marco de las contradicciones generales cada vez más agudas, no puede más que ser esa de una guerra de resistencia popular y antifascista de larga duración. Estas tareas ideológicas, teóricas y prácticas requieren que hoy las fuerzas mejores de los militantes proletarios estén dirigidas a la formación de una organización revolucionaria en la perspectiva de la reconstrucción, en la recuperación del Pensamiento de Gramsci sobre la base del maoísmo, de ese Partido Comunista de Italia fundado por el mismo Gramsci.

NUEVA HEGEMONÍA

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