28 DE ABRIL: RECORDAMOS Y CELEBRAMOS LA REVOLUCIÓN SARDA EMPUÑANDO LA BANDERA DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICO POPULAR


La revolución sarda fue dirigida por el círculo jacobino de G. M. Angioy, con la
sucesiva participación de otros heroicos jacobinos entre ellos Francesco Cilocco,
torturado y martirizado en 1802. En su conjunto esta fase revolucionaria, que duró más
de una década, fue quizás un experiencia única, en la cual la reivindicación de la
república burguesa democrática acompañó la revuelta armada con la formación de un
ejército de pastores y de campesinos, que entró repetidamente en el terreno contra los
señores feudales, el Estado piemontés y la burguesía moderada traidora. Después de los
movimientos de la revolución sarda, en la península que asumirá la denominación de
“italiana”, viene en cambio justo a faltar el elemento revolucionario y jacobino,
representado por la construcción de un bloque anti feudal con la participación de las
amplias masas de los pequeños campesinos como fuerza motriz principal. La revolución
burguesa se vuelve un aborto de revolución y el Estado italiano se presentó desde el
inicio como una autocracia reaccionaria cubierta por una fachada liberal. La misma
unidad de Italia fue realizada, como afirma Gramsci, en la forma de una conquista
colonial, en la forma del sometimiento de las amplias masas de los campesinos y de los
pastores del Sur y de las Islas al dominio de los grandes propietarios de tierras
capitalistas y de la ávida burguesía financiera y comercial del Norte. Los propietarios
feudales de tierras y los barones del Sur y de las Islas, junto a la burguesía moderada
que se alimentaba de sus rentas, se unieron estrechamente a la burguesía capitalista del
Norte, invocaron su intervención, apoyaron su empresa colonial y esto porque, antes
que todo, solo la monarquía Sabauda estaba en grado de garantizar sus privilegios y de
protegerlos de las revueltas de los campesinos y de los pastores.
En la Cerdeña de la época, la derrota de los movimientos revolucionarios y jacobinos
fue relativa, la guerra de los pastores y de los campesinos continuó en otras formas aún
si vino a faltar la organización revolucionaria que podría unificar, dirigir y dar real
perspectiva a estos movimientos.
La guerra se acentuó con el “cierre de las tierras comunales”. El “decreto de los cierres”
(1820-1823) de hecho operó arruinando, reduciendo al hambre y obligando,
sucesivamente a la emigración al exterior a centenares de miles de pequeños ganaderos
y campesinos, sin que eso se tradujese en el desarrollo de relaciones capitalistas en la
agricultura, en la artesanía y en la industria manufacturera. Una situación que empujó a
campesinos y pastores a una rebelión caracterizada por continuas revueltas y por la
iniciativa de bandas armadas. Revueltas siempre duramente reprimidas, también con el
bombardeo de países enteros por obra de la artillería pesada. Gramsci habla de esto en
lo que concierne a Cerdeña también en los párrafos 2 y 54 del Sexto Cuaderno, a
propósito del libro del oficial del ejército Giulio Bechi titulado “Caza grande”: “Bechi
fue a Cerdeña con la 67 a infantería. La cuestión de su comportamiento en la represión

del bandidismo, conducida como las expediciones coloniales y de su libro, cuyo tono
general es característico, desde el mismo título” (párrafo n. 2)… “Bechi fue a Cerdeña
con la 67 a infantería. La cuestión del comportamiento de Bechi en la represión del
llamado bandidismo nuores, con medidas de estado de asedio, ilegales, y el haber
tratado a la población… arrestando en masa a ancianos y niños resulta del tono
general del libro y del mismo título (párrafo n. 54).
Sobre tal base, a partir del siglo XVIII, los cierres de las tierras colectivas llevó a
resultados esencialmente diversos de esos típicos del desarrollo de las relaciones de los
principales países europeos dando vida una segunda generación de propietarios de tierra
“parásitos”.
Los liberales crocianos y los revisionistas togliattianos siempre ocultaron el verdadero
significado revolucionario de estas rebeliones. A ellos se unieron, en particular en los
primeros años Setenta, los “Operaista” de Panzieri, Tronti y Negri, los trotskistas y los
bordiguistas. Todas tendencias que en su conjunto trataron de sostener que las luchas de
los campesinos y de los pequeños pastores contra el cierre de las tierras eran
reaccionarias y guiadas por los feudales. Con tal finalidad, también usaron
dogmáticamente e instrumentalmente el análisis de Marx relativo al rol, funcional al
desarrollo del capitalismo industrial, del cercado de las tierras en Inglaterra.
En realidad, en aquel marco de las relaciones agrarias, dominado por la forma más
regresiva (Gramsci) de las relaciones feudales, el mantenimiento de la posesión de las
tierras comunes habría llevado más velozmente a la formación de la pequeña propiedad
campesina y habría contribuido a desarrollar así el capitalismo en forma más amplia,
libre y democrática, respecto a una situación en la cual el acaparamiento de las tierras
colectivas por obra de los propietarios absentistas y de los ricos burgueses terminó
justamente por contraponerse a tal desarrollo.
El endurecimiento de la lucha de clase en Cerdeña seguido a los “cierres” empujó a
todas las fuerzas sociales, políticas e institucionales reaccionarias sardas a sostener la
“fusión perfecta” que en 1847 realizó, bajo la hegemonía sabauda, la unificación estatal
entre Cerdeña y monarquía piemontés anticipando por tanto casi 15 años la constitución
de la nación italiana.
La revolución sarda fue antes que todo una gran tentativa revolucionaria jacobina y, por
tanto, popular de arruinar el bloque reaccionario entre las clases feudales sardas y la
burguesía moderada. Fue la primera imponente manifestación de la lucha de clases, en
el sentido moderno, en Cerdeña. Fue la primera declaración de guerra del pueblo sardo
contra las clases reaccionarias sardas aliadas con el capitalismo del Norte que pocas
décadas después de 1861, se transformará en un imperialismo pordiosero que no dejará
de explotar a fondo también a los pastores, a los campesinos y los recursos naturales
sardos, a menudo entregándolos en mano al gran capital extranjero con relativos
enormes procesos de deforestación destinados a la producción del carbón.
El fascismo representará sucesivamente la mano armada del capital financiero
imperialista del Norte de Italia y de los estratos privilegiados feudales y burgueses
sardos.

La cuestión sarda, como bien evidencia Gramsci, es una parte específica de la Cuestión
Meridional. Todos los reaccionarios, los revisionistas y los oportunistas, siervos del
imperialismo del norte y representantes de las clases reaccionarias del sur y de la misma
Cerdeña trataron siempre de transformar la Cuestión Meridional con la Cuestión Sarda
para cavar una zanja entre las masas oprimidas y explotadas del Norte y del Sur y
transformar así un nudo histórico de la revolución en una cuestión cultural, ética,
identitaria”. Esto con la finalidad de hegemonizar con el meridionalismo y el sardismo
reaccionario, nacionalista y anticomunista, a las masas populares. En lo opuesto, la
Cuestión Meridional y la Cuestión Sarda, son un problema que encuentras sus raíces en
la estructura económico-social y de clase y que puede ser enfrentando y resuelto solo
con una revolución democrática e internacionalista unida a la perspectiva del
socialismo.
Reportamos a continuación algunos pasajes del todo pertinentes de nuestro volante por
el primero de mayo. Hoy: “la Cuestión Meridional asume una nueva relevancia y
centralidad. La raíz de esta Cuestión es económica y social y por tanto solo la
revolución proletaria puede resolverla bajo todos sus aspectos. En este marco la
revolución proletaria en Italia no puede ser inmediatamente socialista… pero debe
desarrollarse como revolución democrático popular antifascista dirigida por el
proletariado. Una revolución que ponga en primer lugar la destrucción del
imperialismo del norte y la posibilidad del renacimiento económico, social democrático
del Sur y de las Islas, en el marco de la hegemonía proletaria y de la revolución
ininterrumpida por un ataque a fondo al capitalismo hasta el socialismo. Solo la
revolución democrático-popular antifascista puede crear las necesarias condiciones
económicas y políticas/estatales para un enfoque y una solución democrática
progresiva, internacionalista también de los aspectos relativos a la cuestión de la
cuestión de la opresión política, cultural y militar del Sur y de las Islas, que son
precisamente superestructurales respecto a los relativos a la opresión económica, pero
que al mismo tiempo son también ellos decisivos. Por tanto solo una revolución
proletaria de este tipo, unida por tanto indirectamente a la perspectiva del socialismo,
puede garantizar el derecho a la autodeterminación sobre base democrática e
internacionalista para enteras áreas regionales del Sur y de las Islas (piénsese en la
Cuestión Sarda) o, de igual modo, el derecho a una organización estatal de tipo federal
que favorezca el renacimiento económico social y cultural del Sur y de las Islas”.
El correcto enfoque de la Cuestión Sarda es parte integrante de la cuestión de la
formación del partido revolucionario sobre la base de la recuperación del Pensamiento
de Gramsci a partir del maoísmo, el producto más alto del desarrollo del Movimiento
Comunista Internacional en la lucha contra el fascismo, el revisionismo y el
oportunismo.
NUEVA HEGEMONÍA

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