Propuesta para un “Comité por la Democracia Popular”

 

Un empeño sobre dos vertientes

Somos un grupo de compañeros que opera en algunas situaciones del Norte de Italia, desde hace décadas empeñados públicamente en el frente de la lucha política y sindical de clase.

De frente a la situación que se está determinando con la guerra imperialista en Ucrania, la ofensiva cada vez más intensa contra las condiciones de vida y de trabajo de las masas populares y la tendencia al fascismo cada vez más abierta en el frente interno, consideramos que sea necesario trabajar para contribuir a unificar los comunistas sobre la base de la ideología del M-L-M, de la asunción de las contribuciones de Antonio Gramsci y de los siguientes puntos programáticos de fondo:

  1. Contra la guerra interimperialista, por una inmediata salida de Italia de la guerra, por la salida de la OTAN y de la UE;                
  2. Por una iniciativa y un programa de medidas económicas y sociales en defensa de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera y de las masas populares pequeño-burguesas;
  3. Contra la fascistización del Estado, por una Nueva Resistencia, por la independencia nacional y por un nuevo Estado democrático popular y antifascista sobre la vía del socialismo.

Consideramos que las tareas relativas a estas dos vertientes, contribución a la unificación de los comunistas sobre la base del M-L-M y a la formación de un movimiento popular de masa orientado a la perspectiva de un Nuevo Estado de democracia popular sobre la vía del socialismo, ponen hoy en primer plano la necesidad de un trabajo de elaboración y definición teórica, de formación y de propaganda.

I. 

Respecto a la cuestión de la elaboración y de la formación teórica consideramos que sea necesario asumir el maoísmo sobre la base del M-L y del relativo estudio y reconocimiento de las contribuciones cualitativas aportadas por la Tercera Internacional y por la obra de Stalin. El maoísmo en este sentido representa un posterior y más desarrollado estadío del M-L. Consideramos además que sea asumida la obra de Gramsci finalizada en la construcción del partido comunista, que tuvo su máxima expresión en los Cuadernos de la Cárcel.  Pensamos que también sean valorados adecuadamente los aportes al M-L-M del pensamiento de Gonzalo. Pertenece al M-L-M también la adecuada valorización de las experiencias de las guerras populares (revoluciones de Nueva Democracia) de Perú, de la India, de las Filipinas y de Turquía, y el balance de la experiencia de la guerra popular en Nepal interrumpida a causa de la consolidación del revisionismo capitaneado por Prachanda.

Como consecuencia nos oponemos al desviacionismo de izquierda en el campo de los marxistas-leninistas-maoístas, que se aleja del maoísmo para profesar formas eclécticas de “M-L”, que de hecho rayan en una forma de neo-revisionismo, y al mismo tiempo nos oponemos al desviacionismo de “izquierda” que, aún invocando al maoísmo, ataca la Tercera Internacional y la obra de Stalin, niega por lo tanto que el maoísmo sea un desarrollo cualitativo del M-L y reintroduce subterráneamente el trotskijsmo, el bordiguismo y el obrerismo.

Consideramos que el M-L-M para poder realmente transformarse en una teoría guía de la praxis deba ser adecuadamente actualizado en el plano general y especificado en el plano nacional. Pensamos por tanto que sea retomado y adecuadamente desarrollado el hilo rojo de la elaboración teórica y política de Gramsci y del PCd’I destrozado sucesivamente por el revisionismo moderno y por el “marxismo crítico” de los años Sesenta, en primer lugar por el obrerismo teórico.

La lucha de clase en esa que, después de marzo de 1861, se inizió a definir como “nación italiana” estuvo siempre presente y a menudo estalló aludiendo a la revolución: antes de la Unidad de Italia a la revolución campesina y jacobina, después a la proletaria y popular (bienio rojo, resistencia antifascista y finales de los años Sesenta e inicio de los años Setenta). El estudio de esta experiencia histórica, con particular referencia a la cuestión de la formación y de la naturaleza del capitalismo y del imperialismo italiano, es una tarea actual. En particular es necesario hacer aún, desde el punto de vista del M-L-M, el balance de la guerra de resistencia antifascista y de las luchas y de las experiencias revolucionarias de los años Sesenta y Setenta.

II.  

En cuanto a la cuestión de la formación de un movimiento de masa en la perspectiva de la democracia popular, consideramos que hoy las tareas principales sean las relativas al trabajo de propaganda. Este trabajo debe considerar sistemáticamente desde un punto de vista de principio, sobre la base del M-L-M, los principales eventos que se suceden en el plano económico, social, político y bélico. Es necesario enmarcar sobre la base de un análisis correcto y de una línea política capaz de contraponerse al reformismo, al movimientismo y al sectarismo, favorecer en una primera fase la unificación de las más avanzadas subjetividades individuales (y eventualmente colectivas) y trabajar para poder desempeñar sucesivamente un rol activo de promoción y organización de sectores de masa.

Notas sobre la situación actual y  sobre la cuestión de la línea política 

La guerra interimperialista en curso como inicio de la III guerra mundial  

La guerra en Ucrania, considerando el acto de agresión promovido por el imperialismo ruso, es ya sea el producto de la “retirada estratégica”, establecida formalmente a finales de 1991 con la parcial disolución de la ex-URSS determinada por la obra de los revisionistas modernos en el poder desde 1956, o ya sea el resultado de la sucesiva reanudación de la iniciativa ofensiva.

Desde el lado del imperialismo occidental, la guerra es en cambio el resultado de la rápida incorporación de Ucrania en la propia esfera de influencia al servicio de la propia iniciativa expansionista. Desde hace varias décadas el imperialismo occidental guiado por EE.UU prepara a su vez, de hecho, la III guerra mundial, obrando para debilitar el imperialismo ruso hasta hacer posible para ventaja propia, al menos teóricamente, un desencadenamiento de la guerra inter-imperialista.

La guerra en Ucrania es por lo tanto, considerando conjuntamente la operación de EE.UU y de la UE por un lado y la de Rusia por el otro, ya sea expresión de la ofensiva estratégica del imperialismo occidental guiado por EE.UU que hizo de Ucrania un propio puesto de avanzada, o ya sea la expresión de la contraofensiva del imperialismo ruso que, después de haber evitado el colapso completo, consideró que se hubiese alcanzado el momento de volver a transformarse protagonista en la lucha por el dominio del mundo.

La invasión de Ucrania es, sin dudas, de denunciar inmediatamente como un repugnante acto de agresión, como una indigna empresa belicista, fascista y nacionalista. Pero esto no puede significar sostener que la invasión a Ucrania sea, como tal, una “guerra de agresión” contra un pueblo y un Estado soberanos. Hablar de “pueblo soberano” y de “estado soberano” en referencia a Ucrania significa no tener clara la situación y rayar en tesis que hoy están particularmente de moda entre los belicistas italianos a menudo enmascarados de pacifistas.

Ucrania es una nación que es tanto un resultado del colapso del socialimperialismo, como un resultato del expansionismo del imperialismo occidental. Imperialismo, este último, que dirigió el ataque genocida, en curso desde hace varios años en Ucrania, contra las poblaciones de nacionalidad rusófona con el fin de perseguir por tanto su estrategia de debilitamiento del imperialismo ruso, arrasando con cada posible apoyo a favor parte de tales poblaciones. Ver por tanto solo la invasión de Rusia y no ver como anteriormente la camarilla en el poder en Ucrania haya conducido por años una guerra criminal contra las poblaciones rusófonas bajo las directivas del imperialismo occidental y continuar entonces hablando de Ucrania como un Estado independiente significa ponerse al servicio de los EE.UU, de la Unión Europea y del imperialismo italiano.

Sobre la cuestión de la naturaleza de la guerra en Ucrania no pueden existir confusiones y eclecticismos. Si se dice, como se debe decir, que en Ucrania se está combatiendo una guerra inter-imperialista, no se puede al mismo tiempo sostener que en Ucrania se está combatiendo una guerra democrático-nacional de resistencia contra una “guerra de agresión” desencadenada por el imperialismo ruso. En el caso de Ucrania el lado principal es el del choque inter-imperialista. Este lado domina actualmente sobre todos los otros y por tanto caracteriza la esencia de la guerra en curso. Los eventos de las últimas semanas testimonian en modo irrefutable esta realidad, con la implicación cada vez más directa y a escala cada vez más vasta de la OTAN, con la intensificación, enmascarada por las sanciones, de las miras imperialistas de EE.UU y la Unión Europea por el control de las fuentes de materias primas actualmente en posesión de Rusia y con el posicionamiento de los diferentes Estados a nivel planetario con uno u otro bando de guerra.

Estos eventos muestran como, lejos de encontrar una composición pacífica, el conflicto se esté en realidad alargando y profundizando día tras día. Se puede entonces hablar razonablemente de la guerra en Ucrania como de la superación en curso del umbral de entrada en la III guerra mundial. Un eventual retiro de Rusia abriría posteriormente la puerta a la ofensiva de los EE.UU y de la Unión Europea, dirigida a derrotar y someter al imperialismo ruso, a depredar sus fuentes de materias primas y a reducir a la población rusa a un estado de esclavitud. No puede por tanto en el estado actual representar una elección aceptable para la misma Rusia. Al contrario, la continuación de la avanzada rusa o un fallido retiro de las posiciones ya ocupadas es igualmente inaceptable para el imperialismo occidental ya que se traduciría en un drástico revés y un relevante redimensionamiento de una política y de una estrategia ofensiva llevada a cabo desde hace tiempo.

La guerra en Ucrania refleja y concentra al máximo, en un nudo cada vez más enredado, todas las contradicciones que desde hace varios decenios fueron determinándose a escala planetaria en las relaciones entre las principales potencias imperialistas. Mientras más tiempo dure el conflicto en Ucrania más se apretará este nudo sin que ninguna potencia imperialista esté en grado de desatarlo sin recurrir al desarrollo y a la expansión a escala planetaria de la III guerra mundial. 

Una vez aclarado que nos encontramos de frente a una guerra imperialista y que debemos promover el internacionalismo combatiendo el chovinismo nacionalista de quien se alinea con el imperialismo occidental y ese de quien, al contrario, se alinea con el imperialismo ruso y chino, debemos proceder más allá. Confundir una necesaria propaganda, dirigida a desenmascarar el carácter imperialista de los principales bandos de guerra en el terreno, con la cuestión de la organización y de la movilización de las masas contra el propio bando imperialista es un gran error que, de hecho, lleva a no poner al centro la lucha contra el propio bando imperialista.

El rol de la Unión Europea 

Hoy es totalmente correcto promover la lucha por la salida de la Unión Europea, haciendo esto en estrecha conexión con la cuestión de la oposición a la guerra inter-imperialista.

La Unión Europea demostró más que nunca, en el curso de estas semanas, ser una unión belicista que promueve y alimenta la tendencia a la III guerra mundial por el dominio del mundo. Estar a favor de la salida de la UE en base a consideraciones de orden económico y financiero es una pretensión reaccionaria porque solo el socialismo puede realmente romper las cadenas que unen los intereses entre los diferentes imperialismos y los relativos procesos de redefinición de las relaciones económicas. Si el proletariado pretendiese querer condicionar estas relaciones económicas con palabras de orden como “fuera Italia de la UE” sin iniciar la construcción del socialismo, caería inmediatamente preso de los intereses de uno u otro imperialismo, o de una u otra fracción del capital. Se transformaría en un apéndice reaccionario de la burguesía.

Estar a favor de la salida de la UE en base a consideraciones de orden político relativas a la necesidad de trabajar para debilitar y obstaculizar sus planes belicistas es en cambio hoy una irrenunciable elección política de clase. La salida de la UE, por ser una unión belicista empeñada en una guerra interimperialista, es una reivindicación democrática que representa los intereses de las masas populares y que, si es llevada a cabo en modo adecuado, favorece la revolución y acerca a la meta del socialismo.

La situación en nuestro país 

        La actual unificación de todas las fuerzas reaccionarias bajo el gobierno Draghi en el cuadro de una política descaradamente antipopular y belicista, está determinando la intensificación de la crisis hegemónica de la burguesía, con sectores avanzados del proletariado y de las masas populares que tienden a separarse de los partidos reaccionarios.

       En el contexto actual, se da el máximo de atención a los sectores proletarios y los populares pequeño-burgueses que, de frente a la guerra en curso, se desprenden posteriomente del PD y de los sindicatos confederales vistos justamente entre los principales artífices y responsables de la participación en la guerra y del aumento de los gastos militares. Una parte de tales sectores se desplazará a la extrema izquierda en busca de una efectiva representación política y sindical de clase (hoy obviamente ausente) y una parte, por el momento mayoritaria, sobre posiciones fascistas-populistas, yendo a engrosar el turbio torrente del fascismo que se está afianzando. En este cuadro se debe usar ampliamente la contradicción que se  está manifestando entre la acogida de prófugos ucranianos y la demagógica política nacionalista, discriminatoria y racista en curso desde hace décadas hasta hoy, que determinó la muerte de miles de trabajadores extranjeros empobrecidos obligados, a causa de las políticas de opresión y despojo conducidas por las diferentes potencias imperialistas, a abandonar las propias tierras y buscar un futuro mejor en los llamados países civilizados y democráticos.

       Estamos de frente a una crisis hegemónica progresiva, agravada ya sea por los efectos de la crisis económica y por las medidas reaccionarias y antipopulares de estas décadas, o ya sea por la crisis pandémica, que madura en oposición a las políticas de guerra.

Una dinámica que, a causa de la actual ausencia de una significativa fuerza reaccionaria capaz de catalizar la oposición y la protesta social de las masas populares a la extrema derecha, a través de la combinación de un socialismo demagógico y pseudorrevolucionario conjugado con un vulgar nacionalismo fascista, se está dirigiendo, aunque lentamente, hacia la génesis de una situación en cierto modo nueva. Se están abriendo por tanto perspectivas favorables para la unificación de los marxistas-leninistas-maoístas y para la formación de un movimiento revolucionario de masa contra la guerra interimperialista y el fascismo y por la democracia popular.

Sobre la naturaleza del imperialismo italiano 

Eso que, en modo prácticamente irreversible, distingue nuestro país es su carácter de imperialismo “débil” y de tipo “marginal”, parcialmente dependiente bajo el perfil económico y financiero. Estos caracteres de fondo del imperialismo italiano no han desaparecido durante más de un siglo desde su génesis.

La marginalidad del imperialismo italiano bajo el perfil económico se conjuga, en el plano político y militar, con una característica subordinación a una u otra potencia hegemónica.

En el plano de la política exterior Italia siempre persiguió alargar los propios territorios nacionales y forjarse esferas de influencia, a través de aventuras coloniales, guerras de agresión a pequeñas naciones y empresas belicistas, obrando bajo la protección de un bando imperialista extranjero y entonces, de hecho, moviéndose dentro de los márgenes estrechos a ella concedidos y garantizados a cambio de su dócil condescendencia y activa cooperación con las elecciones y con las decisiones de las potencias imperialistas hegemónicas. Dentro de tales márgenes, Italia siempre se caracterizó por una particular prepotencia y ausencia de escrúpulos y por una paradójica retórica nacionalista. Italia de hecho también buscó siempre, con resultados a menudo cómicos, de verdadero personaje de la política internacional, dar de sí la imagen de una potencia importante e influente, en grado de competir con las potencias principales y de presentar relativas pretensiones de repartición del mundo.

Italia entró en el ámbito de las potencias imperialistas como última rueda del carro, como un país imperialista marginal, un país capitalista “semi-dependiente” en el plano financiero, fuertemente condicionado por las potencias imperialistas más fuertes, tal condicionamiento se mantuvo hasta hoy. Después de la II guerra mundial en particular relativamente a los EE.UU y de nuevo, respecto a las otras principaes potencias europeas, sobre todo respecto a Alemania[1].  

No solo Italia es un país imperialista semi-dependiente y siempre se quedará así hasta que domine el capitalismo, sino que es también un país imperialista caracterizado por un rol excesivo de las rentas. Esto es debido al relevante rol que tuvo el semi-feudalismo en determinar el clásico atraso de la economía italiana.

Estos dos aspectos de fondo o sea la semi-dependencia y el rol excesivo de las rentas agrarias y urbanas hicieron que se haya desarrollado y afirmado un capitalismo claramente parasitario y un tipo de Estado burocrático que se volvieron rasgos irreversibles y que, no solo emergen con particular evidencia en las principales crisis económicas, políticas, sociales y precisamente sanitarias, sino que sobre todo contribuyen a caracterizarlas con mayor virulencia.

La marginalidad del imperialismo italiano hizo que Italia no haya emergido nunca como gran potencia industrial y financiera moderna. Desde el punto de vista político y militar, en lo que concierne a importantes elecciones de política interna y externa, eso siempre se tradujo en una situación de soberanía limitada, que se acentuó en modo particular durante el ventenio del régimen fascista de Mussolini y como consecuencia de los resultados de la II guerra mundial en la cual, de hecho, Italia pasó de la ocupación nazi-fascista a la anglo-americana y por tanto fue tratada, por estos últimos, como es tratado siempre un país derrotado por una potencia imperialista que vence una guerra.

Los EE.UU y la OTAN entonces no solo tienen de hecho bajo el propio control directo al ejército italiano con decenas de miles de militares y expertos que asignan en más de cien bases militares repletas de artefactos nucleares, no solo condicionan sus elecciones de fondo relativas a la política exterior, incluídas esas recientísimas en materia de drástico incremento de los gastos militares, sino que notoriamente siempre jugaron un relevante rol reaccionario en todos los pasajes principales de la vida política interna.

Todos estos aspectos pueden ser sintetizados en la tesis de que Italia representa el eslabón débil de la cadena imperialista.

Notas para la línea política 

       En la situación actual el camino a recorrer es el que garantiza más bajo el perfil de la disgregación de la hegemonía de la burguesía y bajo el perfil de la construcción de la hegemonía del proletariado y que se puede sintetizar en la palabra de orden que requiere la inmediata salida de Italia de la guerra interimperialista, evidenciando como solo tal salida puede garantizar la no implicación en la guerra de la población italiana y adecuadas condiciones para garantizar la defensa de los intereses materiales inmediatos del proletariado y de las masas populares pequeño-burguesas, además de romper el eslabón de hierro entre participación en la guerra y aceleración de la fascistización del Estado.

       Sostener esta palabra de orden quiere decir oponerse a la burguesía y al imperialismo y querer imponer a ellos esta salida. Alrededor de esta palabra de orden son presentados por tanto los otros puntos programáticos relativos a la salida de la OTAN y de la UE, a la independencia nacional, a una drástica reducción de los gastos militares, a la inmediata publicación de todas las cláusulas secretas de los tratados relativos a la participación en la OTAN y a la gestión de las bases militares extranjeras presentes en el territorio nacional, a las medidas de sostén a la situación económica cada vez más desastrosa del proletariado y de las masas populares pequeño-burguesas.

       Lucha por la salida inmediata de la guerra interimperialista y contra  la fascistización del Estado dado que están indisolublemente conectadas.

       Lucha por el programa de democracia popular que mira a la fundación, a través de una Nueva Resistencia por la democracia y la independencia nacional, de un Nuevo Estado Democrático Popular sobre la vía del socialismo.

       En su conjunto la situación para los comunistas y en particular para los maoístas es buena. La crisis del imperialismo avanza y la crisis de la hegemonía de la burguesía se desarrolla, se están creando nuevas condiciones para una reanudación del enfrentamiento de clases y para una nueva fase de fusión entre la ideología revolucionaria del proletariado y un desplazamiento a izquierda de sectores proletarios, pequeño-burgueses, intelectuales y juveniles.

       La construcción de un verdadero partido comunista fundado sobre el M-L-M está por tanto en el orden del día y con él la unidad de todos los marxistas-leninistas-maoístas. Es actual también la construcción del Frente por un gobierno revolucionario de Democracia Popular y con él la unidad de todos los comunistas y de todos los sinceros demócratas y antifascistas.

       Es necesario un movimiento revolucionario de masa por la salida inmediata de la guerra, de la OTAN y de la UE, por la defensa de los intereses materiales fundamentales del proletariado y de las masas populares, contra la fascistización del Estado, por la democracia popular y la independencia nacional.

       Solo de este modo se podrá proseguir efectivamente, y no solo de palabras y de eslogan, sobre la vía para el socialismo.

Nuestra propuesta 

Proponemos a todos los compañeros que se identifican con la obra de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao la constitución de un Comité, basado en la ideología del M-L-M, para la afirmación de un programa, de un frente y de una perspectiva de Democracia Popular sobre la vía del Socialismo.

En particular proponemos la combinación entre un doble nivel de iniciativa y de empeño, por una parte centrado en la elaboración y la formación teórica vinculada al problema de la actualización del M-L-M, y por la otra en la propaganda dirigida a definir y afirmar una línea política para una correcta orientación de los sectores de vanguardia del proletariado, respecto a los principales eventos económicos y políticos.

El Comité se empeñará en la apertura de fraternas relaciones con las otras fuerzas del movimiento M-L-M en el plano internacional, sosteniendo la necesidad de poner en primer plano la asunción del maoísmo y su adecuada especificación a las condiciones nacionales.

Para informaciones, colaboraciones y afiliaciones

escribir a: comitatoperlademocraziapopolare@protonmail.com

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